Reflexiones de un cuervo confinado

En noviembre de 2018 se inauguraba la muestra original de "Animales Literarios. Poe Transfigurado" (Galería Aristas 30 de noviembre de 2018 a 9 de enero de 2019. Gijón). Tras una larga estancia en las Islas Británicas transitando por carreteras y caminos, el viaje estaba acompañado de un gran peso interior. Pensaba, por aquel entonces, en el poema dedicado a Leonora, cuya calificación de maldito no comparto pues habla de esperanza y liberación. Entre susurros, llegó el párrafo en el que se acusa al prometido de Leonora de no llorar la muerte de su amada: - "(...) y tú Guy de Vere, ¿no tienes lágrimas? (...)"- y es precisamente ahí, en las lágrimas no derramadas de Guy de Vere y en las propias, donde iba a esconderse la pintura de "Poe Transfigurado". 

Se leía en el inicio del catálogo de la muestra:

"... y me hice profuso, múltiple y quebradizo como el plumaje del cuervo. Temeroso e inquieto alcé el vuelo sobre las grietas para alejar el dolor. Y así la transfiguración reescribió una historia..."

"Animales Literarios. Poe Transfigurado" fusiona el mundo poético y narrativo del misterioso universo de Edgar Allan Poe, con una atmosférica pintura más acostumbrada al paisaje urbano e industrial, con apoyo en los dispositivos tecnológicos que permitía definir la visión del entorno físico en ese mundo transfigurado. 

Dos años después la idea original ha ido creciendo y desarrollándose, siendo premiada a nivel nacional e internacional y con una enorme acogida por parte del público y la crítica. En estos momentos más difíciles "en el reino plutoniano de la noche y la niebla" como diría Poe, quiero compartir con todas y todos, unas personales reflexiones sobre el catalizador de todo este proyecto, un proyecto liberador, porque me hizo conocer una raza de cuervo especial, una raza que no se lleva la tristeza de los muertos- como ocurre en el famoso poema- sino la de los vivos. Todas y todos tenemos ese "cuervo de otra especie" que posee la magia de transfigurar cualquier historia.

El poema "El Cuervo" (The Raven) fue publicado por primera vez en 1845. Constituye la composición poética más famosa de Edgar Allan Poe. Unos versos de notable musicalidad, un estilizado lenguaje y una atmósfera sobrenatural. Poe escribió el poema como una narrativa, una narrativa de devoción sin fin. El narrador experimenta un perverso conflicto entre el deseo de recordar y el deseo de olvidar. Este protagonista asume que el "Nunca más" es el único poder oscuro que retiene al cuervo y aún así sigue interrogándole y haciéndole preguntas, sabiendo cual será la respuesta. ¿Son entonces las preguntas del narrador deliberadamente autodolorosas y de pérdida?

El cuervo visita a un joven protagonista sin nombre, que se encuentra leyendo, con la intención de olvidar la muerte de su amada. El ave entra en la habitación y se posa sobre un busto de Palas. El joven se convence que las palabras "Nunca Más" han sido aprendidas por el cuervo y que es lo único que sabe decir. Aún así, se coloca frente al cuervo, quiere saber más. En el poema, Poe indica que el narrador está leyendo curiosas tradiciones olvidadas, pudiendo ser sobre lo oculto o sobre la ciencia y el propio autor ubica el relato en el mes de diciembre, el mes más oscuro. El uso de un cuervo, "pájaro del demonio" y la imagen que enfatiza del mismo nos ubica a reconocerlo como un mensajero. Un mensajero de sabiduría y de estrategia, porque corona el busto de Atenea. 



Algunos expertos han indicado que el cuervo es una representación física de un fantasma que atormenta la mente y el espíritu de las personas, donde la verdadera fuerza de representación del ave es aquello que nunca se va, como los recuerdos o la tristeza. En algunos versos, el protagonista clama por el bálsamo de Nepente, usado en la Grecia antigua para provocar el olvido. El pájaro, demonio, bestia... como lo denomina constantemente y su única frase hace que le abandonen todas las esperanzas de olvidar ese recuerdo tan vívido sobre su amada Leonora, lo que le lleva a la locura. Siguiendo esta idea, "Nunca Más", como lo entienden algunos expertos, es una sentencia que lejos de liberar oprime el alma y el pensamiento con un dolor que somos incapaces de olvidar. 

Decía al principio que todas y todos tenemos un "cuervo de otra especie" sobre un busto de Palas interior. Su magia, la transfiguración. La fragilidad nos hace poderosos. Algo que nos hace únicos e irrepetibles es que somos vulnerables y esa característica encierra una gran belleza. Huimos de nuestra fragilidad y evitamos aquello que no nos haga mostrarnos fuertes, más de lo que somos. Aquí tenemos un gran error ya que en la medida que no reconocemos una parte de nosotros mismos somos incapaces de aceptarnos completamente. Creo que Poe diferenció entre el dolor y la tristeza separándola de la debilidad. La debilidad significa esperar a que otros nos salven y disfrazar las emociones que sentimos. En una época como la actual, de confinamiento, de incertidumbre, aceptar esa vulnerabilidad nos afirma que poseemos otra capacidad - otro raza de cuervo especial- la de levantarnos después de caer. Cuando abrazamos nuestros temores, nuestra tristeza, la fragilidad individual entramos en contacto con el resto de personas, con el contexto, de un modo más cercano, más auténtico y solo reconociendo que sufrimos podemos alimentar nuestras fortalezas genuinas. 

Las personas somos un puzzle con el que jugamos constantemente. A veces le decimos a ese juego "Nunca Más" y otra veces entendemos que reconocer esa parte de nosotros no significa alimentarla; ¿por qué nos empeñamos en mostrar lo que no somos? Escribió Poe "aunque la cresta calva llevas, de seguro no eres cuervo nocturnal, viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla... Dime: - ¿Cuál tu nombre, cuál en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?" Nuestro protagonista parece inmunizado a la única y oscura respuesta del cuervo. Cuando nos inmunizamos para no sentir emociones negativas, también nos inmunizamos a sentir las positivas. Aunque nos cueste, el camino para aceptarnos en los momentos difíciles pasa por abrazar los miedos, la incertidumbre, la tristeza, la vergüenza... de que el resto de personas vea algo en nosotros que rechazamos. 

El estado de alarma y el obligado confinamiento nos está poniendo al límite como sociedad y en los extremos de la vida en comunidad como individuos, donde uno de los desafíos es aprender a querernos, a convivir, sabiendo que a veces somos grandes, muy grandes y otras veces pequeños y frágiles. Personas reales, no perfectas, con defectos e inseguridades. Pero al mismo tiempo únicos, porque nos podemos hacer profusos, múltiples y quebradizos, como el plumaje del cuervo y alzar el vuelo. Lo sabemos, pero se nos olvida. Los momentos donde somos frágiles contienen el secreto de quiénes somos realmente. Somos la vacuna, pero siempre hemos sido y seremos el remedio genuino y auténtico para los grandes desafíos que fueron, son y serán las batallas individuales y colectivas. 


" Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la escultura sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura... y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo, las visiones ve del mal; y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja, trunca su ancha sombra funeral y mi alma de esa sombra que en el suelo flota... ¡nunca se alzará...nunca más!"


Edgar Allan Poe
50 x 60 cm
Técnica mixta sobre lienzo

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