miércoles, 1 de noviembre de 2017

#NuncaMás (Never More)

 El Cuervo

Edgar Allan Poe


Una fosca medianoche, cuando en tristes reflexiones , sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones inclinaba soñoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar:
como si alguien, suavemente se pusiese con incierta mano tímida a tocar:
" Es - me dije- una visita que llamando está a mi puerta: eso es todo, ¡ y nada más!."
¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo, y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo. Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerte de Leonora, la radiante, la sin par virgen pura a quien Leonora los querubes llaman ahora ya sin nombre... ¡nunca más!.

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras, de tal modo, que el latido de mi pecho palpitante procurando dominar "es sin duda, un visitante- repetía con instancia- un tardío visitante a las puertas de mi estancia... eso es todo, ¡y nada más!."

Paso a paso, fuerza y brios fué mi espíritu cobrando:
"Caballero- dije-, o dama: mil perdones os demando; más, el caso es que dormía, y con tanta gentileza me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza y tan tímida constancia os pusisteis a tocar que no oí."- dije- y, las puertas abrí al punto de mi estancia; ¡sombras sólo y ... nada más!

Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños, quedé allí, cual antes nadie soñó, forjando sueños; más profundo era el silencio, y la calma no acusaba ruido alguno... Resonar sólo un nombre se escucha que en voz baja aquella hora yo me puse a murmurar, y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora!...esto apenas, ¡nada más!. A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia, pronto oí llamar de nuevo- esta vez con más violencia:
"De seguro- dije-, es algo que se posa en mi persiana; pues veamos de encontrar la razón abierta y llana de este raro y serio y el enigma averiguar.¡Corazón! Calma un instante y aclaremos el misterio...- es el viento- y nada más!."

La ventana abrí- y con rítmico aleteo y garbo extraño entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño. Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial, fué y posóse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal; sobre el busto que de Palas la figura representa, fue y posóse- ¡y nada más!.


Nunca Más II. 80x60. T.M. sobre lienzo

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza con su grave, torva y seria decorosa gentileza; y le dije: "Aunque la cresta calva llevas, de seguro no eres cuervo nocturnal, viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla.... Dime:- ¿Cuál tu nombre, cual en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?..."
Dijo el cuervo: "Nunca más".



Nunca Más III. 60x60. T.M. sobre lienzo


Nunca Más IV. 65x46. T.M. sobre lienzo


Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho, si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho; pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura que lograse contemplar ave alguna en la moldura de su puerta encaramada, ave o bruto reposar sobre efigie en la cornisa de su puerta, cincelada con tal nombre: " Nunca más". Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella, sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella vinculada- ni una pluma sacudía, ni un acento se le oía pronunciar... Dije entonces al momento: "Ya otros antes se han marchado y la aurora al despuntar, él también se irá volando cual mis sueños han volado."
Dijo el cuervo: "Nunca más."

Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido. "no hay ya duda alguna- dije-, lo que dice es aprendido; aprendido de algún amo desdichoso a quien la suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo de jamás, ¡y nunca más!."

Más el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa, mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa: luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía dime entonces a juntar, por saber que pretendía aquel pájaro ominoso de un pasado inmemorial, aquel hosco, torvo, infausto cuervo lúgubre y odioso al graznar: "Nunca más".

Quedé aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma, cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma. Estoy y más- sobre cojines reclinado- con anhelo me empeñaba en descifrar, sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella luminoso mi fanal- terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá ella a oprimir-. ¡Ah! ¡Nunca más!

Parecióme el aire entonces, por incógnito incensario que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario perfumado-. "Miserable ser- me dije-, Dios te ha oído, tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora te ha venido hoy a brindar: ¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora."
Dijo el cuervo: "Nunca más."

"Eh, profeta- dije-, o duende, mas profeta al fin ya seas ave o diablo- ya te envíe la tormenta, ya te veas por los ábregos barrido a esta playa desolado pero intrépido a este hogar por los males devastado, dime dime, te lo imploro: ¿llegaré jamás hallar algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?"
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!"
¡Oh profeta- dije-, o diablo"- Por ese ancho combo velo de zafir que nos cobija, por el mismo Dios del Cielo a quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida, presa infausta del pesar, si jamás en otra vida la doncella arrobadora a mi seno he de estrechar, la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora!"
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!

"Esa voz, oh, cuervo, sea la señal de la partida, grite alzándome:- ¡Retorna, vuelve a tu hórrida guarida, la plutónica ribera de la noche y de la bruma!... de tu horrenda falsedad en memoria, ni una pluma dejes, negra. ¡El busto deja! ¡Deja en paz mi soledad! Quita el pico de mi pecho. De mi umbral tu forma aleja..."
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!"


Nunca más I. 60x130. T.M. sobre lienzo. 

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la escultura, sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura... y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo, las visiones ve del mal; y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja, trunca su ancha sombra funeral, y mi alma de esa sombra que en el suelo flota... ¡nunca se alzará... nunca más!"





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